ANÁLISIS FORENSE DE UN TEJÓN. PARTE I

Durante la jornada de salvamento de Aguilucho Cenizo (Circus pygargus) que tuvo lugar el pasado día 26 de junio en el marco del proyecto LIFE-Followers (SEO-Bird Life), nuestro compañero Alberto Pantoja Dorda, localizó el cuerpo sin vida de un tejón eurosiberiano (Meles meles) en mitad de un sembrado, a partir de ese momento comenzaron a surgir las dudas.

¿Cómo llegó el cuerpo del mustélido hasta ahí? ¿Son los cultivos de cereal un hábitat propicio para el tejón? No había ninguna carretera cerca, únicamente caminos ¿entonces habrá muerto por muerte natural? ¿O quizás un disparo? ¿Qué hay del mítico veneno?

A lo largo de esta entrada intentaremos resolver todas esas dudas y llegaremos a una hipótesis de los hechos que acontecieron antes, durante y después de la muerte.

mortandad tejón

          Tejón eurosiberiano (Meles meles) tendido en el suelo. Foto de Alberto Pantoja Dorda.

PASO I

Cuando localizamos el cuerpo sin vida de un animal una de las primeras cosas que debemos plantear en nuestro análisis es si esa especie “cuadra” con el ecosistema donde la hemos encontrado. De este modo podemos descartar que el cuerpo haya sido traído de otro lugar y “lanzado” desde el camino. En este caso la respuesta es afirmativa, ya que los tejones no solamente pueden vivir en hábitats agrícolas sino que existen diversos estudios que relacionan la aparición de la agricultura y el aumento en la cantidad de lombrices y otros invertebrados que está trajo consigo, con un incremento en las densidades de tejones, lo que favoreció la creación de clanes familiares (Virgos et al. 2005).

zona localización tejón

                   Zona de localización del tejón. Foto de Alberto Pantoja Dorda.

PASO II

Una vez confirmada la posible presencia del animal en el ecosistema, pasamos a realizar una rápida revisión en nuestra cabeza de los patrones de mortalidad más comunes que se dan en la especie (durante este paso podemos ayudarnos también de recursos Web como la Enciclopedia de los Vertebrados Ibéricos, apartado de Amenazas).

La mayor parte de los tejones ibéricos terminan muriendo por una de estas cinco causas: muerte natural, lazos, envenenamiento, disparos y atropellos. Esta información nos dará un recurso muy valioso del que tirar durante la realización de la necropsia en campo.

PASO III

No será hasta este momento de la investigación cuando el caso concreto que estamos estudiando comenzará a cobrar importancia, observaremos el cuadro postural del cuerpo, así como el lugar donde lo hemos encontrado ¿Ha muerto en una postura relajada en un lugar tranquilo y apartado? Sí la respuesta es no, como en el caso de nuestro tasugo (tejón en asturleonés), descartaremos casi por completo la mortalidad natural, y digo casi por completo, porque el cuerpo ha podido ser manipulado postmortem o incluso translocado a otro lugar, como veremos más adelante.

Adelantamos que, en este caso, nos encontramos ante la excepción que confirma la regla, ya que detrás de él existe una manipulación realizada por alguien completamente ajeno a los hechos.

PASO IV

Tras realizar todas las averiguaciones anteriores, por fin es el momento de plantearse las preguntas policiales clave que iremos resolviendo poco a poco:

¿Cómo? ¿Quién? ¿Dónde? ¿Por qué? y ¿Cuándo?

Para averiguar la primera cuestión, el cómo iremos descartando uno por uno los patrones de mortalidad más comunes para la especie, lo más importante, al contrario de lo que pueda parecernos, será descartar primero la muerte por atropello. El resto de causas constituyen graves delitos ambientales y al descubrir cualquiera de ellas, indistintamente de cual sea lo primero que debemos hacer será avisar a las autoridades, por supuesto sin tocar nada, ya que no solamente estaríamos invalidando una investigación policial sino que podríamos incluso ser denunciados por obstrucción a la justicia.

En este caso el atropello parecía una causa poco probable, al encontrarnos en mitad de una pista forestal a kilómetros de la carretera más cercana, por lo que pasaremos al resto de causas.

Es importante recalcar que en el caso de estudio, en ningún momento se tocó el cuerpo ni se manipulo de ningún modo la escena del crimen.

Muerte por lazo

A primera vista parece poco probable, el cuerpo se encuentra en mitad de un sembrado, sin embargo, no es raro que en algunas fincas de caza se coloquen lazos de forma permanente en lugares estratégicos, principalmente veredas de paso de mesocarnívoros. En estos casos, el personal de la finca debe ser capaz de deshacerse de los cuerpos, que con frecuencia son arrojados cerca de carreteras fingiendo atropellos o simplemente en lugares lejanos donde no hagan sospechar de ellos.

El cadáver no presentaba ninguna de las características típicas de muerte en lazos, ni laceraciones en el cuello, ni uñas rotas en sus patas delanteras por el forcejeo con el alambre, ni boca abierta por haber muerto de agotamiento mientras intentaba coger bocanadas de aire, en definitiva, este tejón no había muerto en la más absoluta desesperación tras días de dura agonía.

Muerte por envenenamiento

Los tasugos son animales muy propensos a este tipo de muerte no solamente porque el gran olfato que poseen les permite localizar cualquier resto de carne que se halle en el campo, este envenenado o no, sino también por bioacumulación, pues las lombrices (su principal presa en algunos lugares de Europa) son inmunes a la mayoría de los venenos que se encuentran disueltos en el suelo. Sin embargo son capaces de acumularlo en su interior de manera que aunque cada una de ellas por sí sola, posea una toxicidad muy escasa, sí un predador consume cien lombrices envenenadas en una noche, la toxicidad presente en cada una de ellas se multiplica por cien.

Al igual que en el caso anterior existían diferentes motivos para descartar la muerte por lazo, existen otros que nos permitirán descartar la muerte por veneno, para entenderlo primero debemos comprender un concepto clave sobre los venenos, su forma de matar.

Hablando muy a groso modo, los venenos más utilizados pueden dividirse en dos grandes grupos:

  • Anticoagulantes: son venenos legales utilizados principalmente como raticida para controlar a los roedores, suelen matar mediante hemorragias internas.

  • Neurotóxicos: son venenos ilegales utilizados principalmente para controlar a los carnívoros, matan inhibiendo la colinesterasa, la molecula encargada de transmitir las órdenes del cerebro al resto del organismo (la enzima que actúa como catalizador y regulador del neurotransmisor acetilcolina).

Descartaremos la muerte por tóxicos anticoagulantes principalmente por dos motivos, el primero es que ocasionan una muerte lenta y el mustélido muy probablemente se habría ocultado a morir en un lugar tranquilo, el segundo es que suelen matar por hemorragia interna sin llegar a presentar lesiones externas como las que mantiene el sujeto de estudio.

El veneno neurotóxico por el contrario, puede ser algo más complicado de descartar, al menos en el caso de estudio, ocasiona una muerte rápida y a veces las víctimas llegan a morir antes siquiera de haber tragado el cebo envenenado. Sin embargo, siempre presentan una muerte violenta en la más absoluta desesperación, por lo que el cuerpo deja de responder ante las órdenes del animal que sin entender nada intenta resistir las convulsiones, espasmos y vómitos hasta que llega su momento final. Este sufrimiento queda representado en el cuadro postural de sus víctimas que suelen yacer en lugares aleatorios, en posturas anómalas y con sangre emanando de su boca, al igual que ocurre con el individuo en el que se enfoca nuestro estudio.

Afortunadamente, la ausencia de otras características del cuadro postural nos permiten descartar la muerte por neurotoxinas como la contracción de la musculatura labial que suele quedar representada en los cuerpos en forma de belfos (labios) levantados y sonrisa tenebrosa (risa sardónica), crines en punta (piloerección), y lengua fuera de la boca a veces incluso mordida por las convulsiones.

Muerte por disparo

Estamos ante uno de los casos más difíciles de dictaminar, puesto que únicamente quedarán la herida del proyectil y la presencia de sangre en el animal, el suelo y el camino que haya sido capaz de recorrer hasta encontrar la muerte.

Para descartar la muerte por disparo debemos tener en cuenta dos factores: las lesiones, que a simple vista parecen muy grandes para haber sido producidas por una bala (independientemente de su calibre) y la trayectoria del disparo que seguramente fue realizado desde el camino, por lo que su trayectoria no concuerda con las lesiones del animal, pero ¿y si el disparo no se realizó desde el camino? ¿Y si el disparo se realizó desde el camino pero después el cuerpo fue manipulado, sea por el motivo que sea? Ambas cuestiones nos impiden descartar la muerte por disparo sin la realización de un análisis en laboratorio.

Causa de la Muerte

Los patrones más comunes de mortalidad en tejones han sido descartados casi por completo, lo que nos obliga a volver sobre nuestros pasos, realizando una breve revisión sobre qué puede habérsenos pasado por alto, tampoco hemos llegado aún a ninguna conclusión firme en cuanto a las preguntas de quien y cuando.

 

Autores: Jorge Ortiz González y Alberto Pantoja Dorda.