LA PUESTA DE HUEVOS DE LOS ANFIBIOS

Todos los años, durante el mes de febrero, los anfibios acuden a sus lugares de reproducción, las charcas. Normalmente los primeros en aparecer son los machos, pues deben aguardar la llegada de las hembras a la masa de agua.

Con el encuentro de ambos sexos, suceden las copulas, que en la mayoría de los batracios no consisten en otra cosa, que un largo abrazo (amplexus) del macho hacía algún individuo del sexo femenino. La función de dicho amplexus es la estimulación de la hembra para la deposición de racimos de huevos sin fecundar. El macho a su vez ira rociando esperma sobre estos para inseminarlos según van siendo depositados.

Los huevos de los batracios son radicalmente diferentes a los de un ave o un reptil, pues en lugar de estar compuestos por cuatro capas impermeables (huevo amniota), solo dos membranas (externa y vitelina) completamente permeables se encuentran presentes (Figura 1).

Representación de un huevo de anfibio

Figura 1. Anatomía de un huevo de anfibio.

La literatura sobre rastreo rara vez trata el tema de la identificación de puestas de anfibios. Sin embargo, las diferentes adaptaciones entre especies o grupos de estas han resultado en distintas morfologías de los racimos de huevos.

Bufonidae o sapos verdaderos: se encuentran representados en nuestro país por el sapo común (Bufo spinosus) y el sapo corredor (Bufo/Epidalea calamita). Esta familia de anuros (anfibios sin cola) ha logrado un gran éxito en ambientes áridos, donde en ocasiones pueden representar las especies más abundantes. El motivo probablemente se deba a diferentes adaptaciones a la vida en climas cálidos y secos como sus hábitos eminentemente nocturnos o la presencia de “verrugas” de queratina en su espalda, cuya función es la de reducir la perdida de agua por evaporación.

Las puestas de estos anfibios suelen aparecer en forma de cordones formados por diferentes filas de huevos que se encadenan unos a otros en el interior de la fina gelatina que les da forma. Esta extraña morfología no es más que otra adaptación a los entornos áridos donde el oxígeno disuelto en el agua suele ser escaso (la temperatura del agua es inversamente proporcional a la cantidad de oxígeno disuelto en ella, por lo tanto cuanto más caliente se encuentre el elemento líquido, menor será el oxígeno y mayor la competencia entre los diferentes organismos para consumirlo). Para reducir la competencia entre sus embriones, los bufónidos han desarrollado ovoposiciones en forma de cordón. De esta manera, existe una separación entre los huevos de la puesta, y todos los embriones poseen las mismas posibilidades de sobrevivir hasta el momento de la eclosión.

Es posible identificar la especie ovopositora simplemente atendiendo al número de filas de huevos por cordón, pues las especies habituadas a la reproducción en masas temporales donde el oxígeno es menor (sapo corredor), teóricamente solamente ponen una o dos filas de huevos por cordón, mientras que especies con mayor tendencia a la deposición en masas permanentes, donde el oxígeno disuelto es mayor (sapo común), producen cordones compuestos por más de dos filas. Para averiguar el número de filas en las que se disponen los huevos es recomendable estirar el cordón levemente y con sumo cuidado. Otros grupos más primitivos (mesobatracios) habituados a entornos áridos como los pelobátidos, han desarrollado cordones de huevos de forma convergente a los bufónidos, aunque estos no se encuentran ordenados en filas.

No solo la morfología, sino también la coloración de los huevos tiene un porqué. Aunque en varias ocasiones se han observado ovoposiciones de bufonidos completamente blancas, normalmente estas presentan coloraciones oscuras, casi negras. El motivo es la protección del ADN de los embriones frente la radiación solar, puesto que esta podría causar mutaciones a los neonatos (Figura 2).

Puesta de Bufo/Epidalea calamita en forma de cordón para reducir la competencia por el oxígeno entre diferentes embriones.

Figura 2. Puesta de Bufo/Epidalea calamita en forma de cordón para reducir la competencia por el oxígeno entre diferentes embriones.

Ranidae o ranas verdaderas: se encuentran representados en nuestro país por diferentes especies como la rana común (Pelophylax perezi), la rana bermeja (Rana temporaria), la rana patilarga (Rana ibérica), la rana pirenaica (Rana pirenaica) o la rana ágil (Rana dalmatina). Aunque esta familia de anuros ha logrado un gran éxito mundial, podríamos decir que su culmen se encuentra en los climas eurosiberianos, donde es uno de los grupos de anuros (anfibios sin cola) mejor adaptados. Por poner un ejemplo, dos de las cinco especies de anfibios de noruega pertenecen a esta familia y una de cada tres especies de Rusia también lo hace. El motivo de dicho éxito probablemente se deba a las diferentes adaptaciones a la vida en climas fríos que poseen. Una de las más vistosas es su fina y lisa piel, desarrollada para optimizar al máximo el intercambio gaseoso y poder hibernar (o mejor dicho brumar) bajo el agua, pues al bajar de cero la temperatura ambiente, todo ser de sangre fría que se encuentre en la superficie morirá congelado.

Otra adaptación a los climas fríos, es la deposición de mucosas rodeando las masas de huevos. La función de dichas mucosas es la de “aislar” el agua que rodea los huevos para favorecer su calentamiento. En algunas especies, la temperatura del agua que se encuentra en el interior de la mucosa llega a ser hasta 6 grados más alta que la del resto de la charca, lo que incrementa en gran medida la tasa de desarrollo del embrión, disminuyendo el tiempo de incubación.

La morfología de los racimos de huevos en forma de masa podría ser mortal para los embriones en cualquier otro ambiente más cálido, sin embargo la elevada cantidad de oxigeno que se encuentra disuelto en las aguas a bajas temperaturas no da lugar a competencia entre hermanos (Figura 3).

Figura 3: Puesta de Rana temporaria envuelta en una gelatina para incrementar la temperatura del agua adyacente a los huevos.

Figura 3. Puesta de Rana temporaria envuelta en una gelatina para incrementar la temperatura del agua adyacente a los huevos.

Alytidae o sapos parteros: Este primitivo grupo de anuros ha sido capaz de adaptarse a las condiciones cambiantes que ofrece el clima mediterráneo, donde casi cualquier masa de agua puede sufrir una rápida desecación. Su adaptación ha llegado hasta tal punto que no necesitan acudir a la charca hasta unas pocas horas antes del nacimiento de los neonatos.

Ambos sexos se encuentran en tierra mediante la utilización de reclamos (denominados llamadas de apareamiento en los anfibios) similares al canto de un autillo. Parece ser que los individuos femeninos buscan activamente a los machos con el “canto” más grave pues simboliza un mayor tamaño corporal. Tras el encuentro la hembra se introduce bajo las patas del macho con intención de ser abrazada por la región inguinal. Durante el amplexus, la hembra depone un cordón de alrededor de 40 huevos unidos a modo de rosario antes de huir y dejar al macho con “el muerto”. Él no solo debe fecundar el cordón, sino también ofrecer a los embriones unos cuidados parentales que permitan su supervivencia hasta el momento de la eclosión.

Los cuidados parentales suelen durar aproximadamente un mes, durante el cual el padre debe buscar activamente masas de agua donde rehidratar los huevos cada cierto tiempo.

A primera vista puede llamar la atención que los cuidados parentales sean realizados por el sexo masculino y no por el femenino como ocurre en los mamíferos, las aves e incluso reptiles. Sin embargo, desde el punto de vista etológico el motivo es muy simple; ambos sexos intentan actuar como parásitos, dejando al otro sexo el cuidado de la prole y reduciendo al máximo el gasto energético ocasionado por la reproducción. En especies donde la fecundación de los óvulos se produce en el interior de la hembra (mamíferos, aves, reptiles y anfibios con cola), los machos tienen tiempo de sobra para huir, sin embargo, cuando dicha fecundación se produce en el exterior (anfibios sin cola y peces), es la hembra la que huye dejando sobre el macho todo el peso que conlleva la supervivencia de la prole (Figura 4).

Figura 4. Alytes obstentricans macho al cuidado de diferentes rosarios de huevos.

En la península ibérica se encuentran presentes siete familias de anfibios diferentes. Lamentablemente, en esta entrada solo hemos podido tratar cuatro de ellas, pero quizás en próximas entradas del blog sean tratadas las tres restantes.

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