En los últimos días, el río Segura ha pasado de ser uno de los ríos más importantes del Mediteráneo a ser el mayor corredor de plásticos de España.

La desembocadura del Río Segura, en Guardamar (Alicante), contenía una gran biodiversidad de fauna, hasta que la contaminación llegó de forma fulminante. La mala depuración de los residuos orgánicos, sumados a los vertidos industriales que se hacían en el río, han provocado que el Segura sea uno de los ríos más contaminados de nuestro país. Ahora, a este suceso, hay que añadirle el problema global de los plásticos.

La Confederación Hidrográfica del Segura ya retiró en el mes de Marzo 20 toneladas de este material sintético. Aun así, a los pocos días, el río se volvió a ver con una capa de plásticos que destroza de forma rápida el ecosistema del río. Greenpeace, junto con los vecinos de la zona, decidieron tomar medidas sobre este tema y salir a limpiar sus aguas.

Este suceso cada vez es más habitual en nuestros ríos, lagos y humedales. Hemos empezado a ser conscientes de los problemas derivados de los vertidos desde relativamente hace poco, incluyendo medidas y sanciones para aquellas empresas y/o personas que no estaban concienciadas con el medio ambiente. Aun así, aún nos queda un largo camino por recorrer, ya que los plásticos, aunque no se tiren directamente a las aguas, pueden acabar aquí debido al viento o las lluvias que azotan los núcleos urbanos.

Este problema afecta de maneras muy diversas a los ecosistemas: por una parte, los plásticos y las sustancias que se encuentran dentro de estos envases, producen la eutrofización del lugar, provocando la proliferación de ciertas algas y produciendo la muerte de muchos animales; por otra, la gran mayoría de las especies marinas quedan atrapadas entre los plásticos, o son propensos a ingerirlos, provocando a los organismos una alta toxicidad que puede derivar en su muerte.

Uno de los mayores problemas de los plásticos son que, en vez de biodegradarse, se van fracturando en trozos más pequeños, formando los famosos microplásticos. Estos pequeños trozos de plástico se van bioacumulando en la cadena trófica.

Pero los efectos del plástico no siempre se pueden observar a simple vista. Los plásticos contienen ciertos compuestos como  bifenilos policlorados, diclorodifenil dicloroeteno y nonifenoles. Dentro de estas sustancias, el compuesto más conocido es el bisphenol A (BPA), un compuesto orgánico que para los animales y humanos puede ser un disruptor endocrino. Este compuesto, que se encuentra en los envases de comidas, latas y, en general, en la mayoría de plásticos para los alimentos, puede fomentar la esterilidad, e incluso, se ha documentado el cambio de conducta sexual en algunas especies acuáticas.